TARECHIS AÑORANZAS DE MI TIERRA CORONADORES FECCCI

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Añoranzas de nuestra infancia
A varios Tarechis los conocí jugando pata e’ pila en las calles y canchas, con mis hermanos nos divertimos chutos correteando bajo la lluvia y la gotera de los techos. Con ‘Cabezón’, Freddy, Arturo, Gery y José la pasamos pescando en las cunetas o chiveando en las grandes corrientes de agua de las avenidas.

Con Gueider, ‘Juanchuli’ y Ariel casi nos ahogamos aprendiendo a nadar en las temibles pozas, ya en plan de joda gracias a la plaza y sus discotecas conocimos a Jorge que ahora ya tiene hasta nietas, ya en días de Carnaval los Paniaguas y Álvaro se sumaron, por simpatía decían ellos, pero ahora nos enteramos que de los Rebeldes y Flojonazos, los botaron por tacañazos, brazos de pingüinos les decían porque las manos nunca le llegaron a sus bolsillos.

Las rondas del arroz con leche, botellita envenenada, la tuja de esconderse, la contada de cuentos y leyendas, y la saltada de elástico, fue la infancia soñada de las mujeres Tarechis, etapa que jamás será olvidada, esa generación dorada de estas peladas viejas que hasta ahora se acomodan a la tecnología, la cual muy bien manejan sus hijos hoy en día, a Ingrid, María, Noelia y a Yudit, sus hijas las tratan como aprendiz.

El locro, rapí, patasca y keperí, le salen muy rico a Kadir porque su mujer Pilar es muy exigente cuando degusta y siente que el susodicho se pasó de condimentos.

Que cosa hermosa que sigan vigentes los agachau que administra nuestra gente, aunque en los Andes algo raro pasó, ahora empiezo a explicarles porque el negocio de mamá Ena quebró, primero María le quemaba el arroz, Ivana le fiaba a Seboro hasta dejarle la huata más redonda que un poro, Chicho y Luz se comían las ganancias y aunque Juan Pablo, ‘Edu’ y Brayan llegaban tarde de la vagancia, comían sin pagar como si fueran dueños de la estancia y no es que sea joichi, pero Yina y ‘Patiqui’ arrasaban por si acaso quedaba coñichi y si algo faltaba en ese comedor era la presencia de Darwin el vividor, se ganó la chapa por fiar más de la cuenta y resulta que pa’ cobrarle hasta ahora lo encuentran.

Sonso ahora solo se pilla en las Cabañas, El Trompillo, calle 1, de la Villa y obviamente en Cotoca, donde la chicha se sirve en tutuma y no en vajilla, escúchenme Herlan Justiniano y Sofía, a ustedes que prefieren 1.000 veces un pollo vacanau que un delicioso majau, y a todos los demás les digo cuidau con dejarse con los muchachos que ahora nos piden comida china, mariscos, KFC, miren usted, que shawarma, tacos y sushi de mil colores, mejor si les enseñamos a nuestros hijos las delicias de nuestros sabores.

Un homenaje especial a los fundadores que siguen, a los que se fueron y volvieron, a los que ya nos abandonaron por una vida mejor, son 24 años que pasaron de un pestañazo, parece mentira que hace 24 años Cristóbal se comía las chimas, Elio las ofrecía a las sobrinas, Zulma y sus malditas (pero pa’ las 12), ‘Piroco’ y ‘Vaquitas Flacas’ por la pajita, Enrique ya se la había robau a mi hermana, Salomón pa’ variar en Carnaval no se podía quedar sin chocar, un año la camioneta y el otro año el camión.

Las Robelis y las Yermeni siempre alegre desde la fundación, Abraham flaco como si estuviera a dieta y Miriam dueña de las viviendas, cuántas familias no se formaron al interior de los Tarechis, déjame contarte ‘Beba’ que voj también sos fruto de esta comparsa, Remy y Eliana no se hagan los desentendidos, que vivan las mujeres y que sufran los maridos.

Altas, grandotas y bajitas siempre todas tuvieron su bonito, chocas, crespas y morenas, flacas y rellenaditas, a la fecha son 24 reinas que recordamos con cariño, porque son parte de nuestra historia y se robaron nuestro cariño, muchas gracias por haber aceptado ser parte de nuestra familia Tarechis.

Atte. Andrés Romero

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