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    Los primeros habitantes llegaron por el sueño de la ‘casa propia’

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    Allá por 1969 llegó Santos Gálvez a la Villa Primero de Mayo (Pampa de la Cruz) con el deseo de tener una casa propia y la encontró en medio del monte y de un inmenso arenal.

    Don Santito, así lo conocen a Santos Gálvez, de 87años, el pionero que, junto a 40 familias, logró el sueño de tener techo propio en un rancho al que nadie daba importancia, Pampa de la Cruz, hoy Villa Primero de Mayo. “Cuando decidí venirme a la Villa no sentí miedo, me vine con coraje…lo que Dios quiera y mire el pueblo lindo que es hoy”, recordó con cariño Gálvez, nacido en Pampa Grande, provincia Florida.

    Por aquel entonces, en 1968, Santos vivía en una casa, que tomó como anticrético, en la zona de La Ramada y se desempeñaba como abogado en una oficina en la calle Ayacucho de la ciudad de Santa Cruz, con mucho esfuerzo había logrado su título de abogado en Sucre. Antes había realizado diferentes ocupaciones desde agricultor hasta comerciante. “Andaba buscando dónde vivir. Un amigo, el diputado Villarroel me dijo: hay un pueblito llamado Los Lotes o Pampa de la Cruz, es un rancho, andá allá y conseguirás terreno barato. Como mandado de Dios me vine. La plaza era un matorral, había tururús, y ahí nos reuníamos las 40 familias que provenían de diferentes sectores de Santa Cruz. Limpiamos el monte con palas y machetes y formamos el sindicato campesino para solicitar los terrenos del Estado al Gobierno”, contó.

    En honor a los trabajadores

    Así nació el Sindicato Agrario Primero de Mayo, en el que Santos fue su secretario, y el nombre de la ciudadela quedó establecido. “Al principio unos decían que se llame Che Guevara, dejémonos de líos les dije, como ahora es 1 de mayo porque no le ponemos así en honor a los trabajadores, ¡Qué bien compañerito!, dijeron y así quedó”, señaló Santos, quien, mientras preparaba la demanda de tierras, fue testigo de la fundación oficial de la ciudadela, en 1969.

    Una vez conseguida la sentencia del Instituto Agrario, Gálvez se dirigió al Palacio de Gobierno, a encontrarse con el presidente Hugo Banzer, quien había sido su comandante cuando prestó su servicio militar en Roboré. Era de suponer que tardaría años la firma de la resolución suprema por parte del presidente, pero al ver éste a Santo exclamó: “¡Vos sos Santo!, mi asistente en la quinta división en Roboré. –Caramba, mi comandante, lo felicito que usted haya llegado a ser presidente. Me hizo el despacho y sentenció: Pórtate como te comportaste en Roboré, como un noble soldado. -Pierda cuidado presidente, yo soy católico, le respondí”.

    Ingresó a Derechos Reales la resolución y se repartieron los lotes. Pero, aquí no acabó la misión de don Santos. Sus acciones y sueños para el desarrollo de la naciente ciudadela fueron muchas. “Como dirigente, fundé Coopaguas para abastecer de agua a la zona en 1970, hice las diligencias con la CRE y ¡elay! traje la luz a los barrios, solicité una línea de micros y así ingresó la línea 4. Colaboré, junto a otras personas, para la dotación de terrenos al Hospital Hernández Vera, la Policía, el mercado San Juan y dos escuelas. Fue un sacrificio de mi persona, no lo hice todo, pero lo andé”, puntualizó.

    Hoy en día Santos es parte de la Asociación de la Tercera Edad del Distrito 7, el mismo la fundó en el 2001 y solicitó un terreno donde fue construida la casa de los abuelos por la Alcaldía municipal. “Gracias a Dios tuve ansias de hacer un pueblo grande y feliz. Sufrí e hice sacrificios con mi familia, muchas veces saqué plata de mi bolsillo por el bien de todos. Ahora, me encuentro bien, cumplí con la gente de la Villa Primero de Mayo que hoy me reconoce y me respeta.



    Ramiro Aguilera Trujillo • Corría 1973. “A mis 21 años llegué a la Villa, atraído por la fiebre de los lotes, junto a mi esposa Bertha Céspedes. No había la plaza, ni agua, ni luz todavía. Usábamos velas y comprábamos el agua. Me quedé con mi familia y aguantamos la tempestad. De vivir en un pahuichi pasé a comprar una casa vieja, con techo de teja, sobre la calle 5 este de 600 metros cuadrados, frente a la plaza principal, conocida como la mejor casa del área. Viví ahí varios años hasta que tuve los recursos para mejorarla y, con el tiempo, la renté a varias empresas. Actualmente, la alquilo al Banco Económico”, dijo.

    Emilio García Álvarez • De 69 años, de oficio albañil, relata que se vino a Santa Cruz a buscar trabajo y un hogar. “En 1987 llegué con mi esposa, María Angélica Luisaga, a la Villa y no nos movimos más. En la foto, muestra a una de sus hijas fallecida

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