Los primeros vivientes llegaron atraídos por la ganadería

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La Pampa de la Isla nació hace 59 años y su formación surgió debido al descanso (pascana) que hacían los viajeros que venían de Beni, Puerto Suárez y de las provincias cruceñas Chiquitos y Guarayos trayendo ganado y en los carretones azúcar, jalea, carne seca, miel y otros enseres para ser comercializados en la zona. Su nombre se debe a que era un inmenso campo raso cubierto por algunas islas, donde se criaba naturalmente la paja para alimentar a las vacas y elaborar colchones, allá por 1940, pero en 1950 llegó el ferrocarril y esa costumbre se perdió y desde el barrio Guaracachi los habitantes se fueron expandiendo a lo largo de la carretera a Cotoca, entonces empezó a convertirse en una zona atractiva para vivir, fue así como se fue poblando, surgieron las tejerías y posteriormente se fue transformado en una zona industrial por su cercanía con el Parque Industrial.
En 2008 se inicia la construcción de la doble vía a Cotoca y en 2012 se inaugura dando un impulso a su crecimiento que la sitúan en una de las ciudadelas más progresistas de Santa Cruz.
Uno de sus primeros habitantes fue Alcides Rivadeneira, que nació en Cañada Pailita, zona de los cañaverales de San Aurelio, un 27 de febrero de 1940, pero a la edad de siete años se fue a vivir a la que hoy es la Pampa de la Isla.
Don Alcides provenía de una familia ganadera y le ayudaba a su abuela a vender pan de arroz, tablillas, somó y chicha detrás del Matadero que era el camino viejo que conducía a Cotoca.
“Mi padre ayudaba a mi bisabuela a vender y a intercambiar alimentos con los carretoneros, allá por 1947”, recordó Rosario Rivadeneira, hija de su primer matrimonio con María Luz Zambrana, con quien también tuvo cuatro hijos: Justo Alcides, Marcelo, Mario y Fredy.
Rosario cuenta que don Alcides fue al cuartel a los 14 años y a sus 16 años ya era padre. En su segundo matrimonio con Emma Mendoza procreó siete hijos: Willan, Yakelin, Wilman, Faustino, Deinar, José y Davy.
Don Alcides trabajó durante diez años en el Matadero de la Pampa de la Isla, cargando reses a los camiones, empleo del que se tuvo que retirar porque se cayó y se lastimó el oído, a causa de ese accidente se dedicó a traer en caballo ganado desde Beni para ser carneados en el Matadero. “Mi padre se perdía meses en el monte transportando ganado, era un hombre muy valiente, nada lo detenía, para él no había frío, sol, tierra y viento”, recordó llena de orgullo Rosario, que actualmente cuida a su padre porque tiene diabetes, enfermedad que ha deteriorado su salud.

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