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    Otra Navidad después del coronavirus

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    P.Nicolás Castellanos
    Hombres Nuevos

    Pilar del Plan 3.000. El padre Nicolás Castellanos es el fortalecedor de los más necesitados

    Otra vez Navidad. Pero una Navidad diferente, oscura y luminosa, triste y esperanzadora. Detrás queda una realidad lacerante, cuajada de señales de muerte: millones contagiados del Covid-19, tantos fallecidos en el mundo, en España, en Bolivia.
    Esa pandemia ha originado una crisis mundial, económica, social, existencial, hasta experimentar en la propia carne la fragilidad y vulnerabilidad humana más espantosa y caer en la cuenta de todas esas tramas políticas, llenas de egoísmos, intereses económicos personales, políticos y de conflictos de toda índole que nos colocan en este mundo vertebrado, injusto, en desigualdad, que le hacen no habitable para todos.
    Y aquí se levanta una pregunta ¿Después del coronavirus las políticas internacionales, comerciales, educativas, de mejor distribución de los recursos, trato de las culturas, los hábitos de consumo, el sentido de la vida personal, social, comunitario, el ocio, y también las opciones de compromiso y de fe tendrán otro alcance, donde reine la solidaridad, la justicia social, que nos vaya aproximando a una política local y planetaria en dirección a la Fraternidad Universal de mujeres y hombres, razas, pueblos y cultura.
    Ciertamente se acerca una Navidad sombría, triste, diferente, cargada de dolor, separaciones, muertes, necesidades perentorias, sin horizonte y con mucha nostalgia.Pero, al mismo tiempo aparece la otra Navidad, la auténtica, la de Jesús, nacido en un pesebre, en Belén, que nos puede dejar un rayo de luz. La actitud creyente nos indica pensar, detenernos, reflexionar, guardar silencio, preguntarnos ¿Por qué ha ocurrido el Covid-19?; y sobre todo a orar, ¿Qué nos dice el Señor?
    Betinho, el gran líder de las luchas sociales –el Gandhi de Brasil-, nos advierte que “la crisis central no está en la nueva economía política de la exclusión, ni en la corrupción de la política, ni en la derrota moral de la humanidad. La crisis fundamental reside en la falta de sensibilidad de los humanos hacia otros seres humanos”. Todo es cuestión de humanización, que nos permita vislumbrar “la pantera tumbada con el cabrito, el novillo y el león paciendo juntos, y el niño les pastoree” (Is. 11, 6).
    En la Navidad nos sorprende el Señor: Apparuit humanitas Dei, “Apareció la humanidad de Dios” (Tito 3, 4). Irrumpe en la historia la humanización de Dios en Jesús, que nace pobre en Belén. La humanidad de Dios, su tierna bondad, su amor y complicidad con el ser humano, se manifiesta en el Niño recién nacido en Belén, rodeado de animales y también en todos “los nadies” y excluidos.
    Nos invita San Romero de América, en su última Navidad, 24 de diciembre de 1979: “Es hora de mirar hoy al Niño Jesús, no a las imágenes bonitas de nuestros pesebres, había que buscarlo entre los niños desnutridos que se han acostado esta noche sin tener que comer, entre los pobrecitos vendedores de periódicos, que dormirán arropados de diarios allá en los portales. Entre el pobrecito lustrador, limpiabotas, que tal vez se ha ganado lo necesario para llevar un regalito a su mamá o, quién sabe del vendedor de periódicos que no logró venderlos y recibirá una tremenda reprimenda de su padrastro o madrastra. ¡Qué triste es la historia de nuestros niños! Todo eso lo asume Jesús en esta noche”.
    Con el nacimiento de Jesús en Belén, empieza su proyecto de humanización. Dios se humaniza, toma nuestra carne débil, frágil y vulnerable. Esto supone practicar los dichos y hechos de Jesús. Y sabemos que Jesús dedicó toda su vida a humanizar: Curar enfermos, dar de comer al que tenía hambre, cuidar las relaciones humanas para una buena convivencia. Y como Jesús, sin excluir a nadie, dar la preferencia a los últimos. Así nos insiste también el obispo de Roma, Francisco: “Después de la pandemia mirar a los más pobres, en estos días, puede ayudarnos a todos a ser conscientes de lo que realmente nos está pasando y de nuestra verdadera condición: enfermos, inmigrantes, refugiados, presos, mujeres maltratadas, vendedores ambulantes, recicladores, feriantes, pequeños agricultores, constructores, costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado… y no tienen un salario estable para resistir este momento y las cuarentenas insoportables”. (Carta a los movimientos populares, 12-abril-2020).
    En definitiva, animarnos mutuamente a descubrir y vivir la Navidad como lugar del Shalom, donde Dios se humaniza para humanizar nuestro mundo tan deshumanizado. La Navidad es el comienzo del Proyecto de Humanización que inició Jesús en Belén.

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